Bullpen #67. El final de una costumbre
Después de más de 40 años me he dado cuenta que ayer, posiblemente, leí mi última grapa.
Esta semana he leído el #24 de Ultimate Spider-Man, probablemente una de las mejores series de los últimos años (con permiso de Batman & Robin: Año Uno). Un Spider-Man de otro universo: un Peter Parker ya adulto, con familia, dos hijos… y una vida muy distinta a la oficial.
¡Cómo la he disfrutado!
En muchos momentos tenía algo familiar, algo reconocible. Me veía reflejado en ese Parker igual que me veía en el de cuando empecé a leer Spider-Man allá por 1984: estudiante, con mil problemas, intentando encajar en un mundo que siempre parecía ir un paso por delante.
La grapa —5,50 €— me parece un robo. Pero era el último número. Había que saber cómo acababa.
Al terminarlo me quedé pensando: ¿seguir o no seguir? Porque se puede. Siempre se puede. Está Ultimate Endgame, y después vendrá otra serie, y luego otra… y otra más. El personaje nunca se detiene.
Pero por primera vez, he decidido plantarme.
Es un final. Termina bien. Y no necesito que me vuelvan a enredar con lo mismo. Porque, si somos honestos, las historias casi siempre vuelven al mismo sitio: todo cambia para que, al final, nada cambie.
Así que decidí que este era un buen punto final.
El personaje que llevo décadas coleccionando pone aquí fin a mi lectura en grapa. No a los cómics —eso sería imposible—, pero sí a ese formato. Paradójico, porque no hay nada como la grapa… pero el tomo es mejor para conservar, para ordenar, para mirar atrás.
Y mirar atrás es inevitable.
Pensé en la primera grapa que leí. Aquel Caballero Luna de Ediciones Surco (0,75 € al cambio), que llegó a mis manos en 1983 o 1984. Me dejó impactado. Con los años supe que era una de las mejores etapas del personaje —quizá la mejor—, y tuve la suerte de empezar por ahí.
Después vinieron las compras semanales, las nuevas series, los nuevos personajes, los nuevos universos. Años y años siguiendo historias, esperando cada número, como si esos personajes y sus autores fueran parte de la familia.
Muchos de ellos ya no están. Peter David, cuánto se te echa de menos.
Otros simplemente dejaron de estar. Quizá su tiempo pasó. Quizá el mío.
Porque también es posible que no sean las grapas las que han cambiado. Puede que haya sido yo.
Entre 1983 y 2026 hay 43 años. Se dice rápido.
¿Cuántas veces fui al kiosco o a la librería a preguntar si había llegado algo? Pagaría por saberlo.
¿Cuánto dinero me habré gastado? Pagaría por no saberlo.
Tantos años de historias. Algunas brillantes, otras olvidables, muchas repetidas… pero todas formando parte de algo mucho más grande.
Cuando cerré las páginas de ese número 24 sentí tristeza.
Se acabó.
Así termina, para mí, Spider-Man.
Así dejo las grapas.
No significa que no vuelva a leer alguna vez —con los miles que tengo, sería absurdo decirlo—. Y seguro que algún día compraré otra. Pero no será una colección. No será lo mismo.
Porque hay momentos en los que no abandonas algo… simplemente decides dónde termina tu historia con ello.
Y aquí es donde he decidido dejar la mía.





Ayer me llegó a mí la grapa 24 también (además de las 21, 22 y 23). Tenía leído hasta la 18 para leer del tirón un "mini arco". Espero terminármelo esta semana.