Bullpen #66. Pero ¿y el relato?
Si eres lector habitual de Bullpen habrás sospechado lo que me fascina la IA entonces era lógico que me pasara esto.
Sé que la idea —y así lo anuncié— era ir publicando capítulos de mi relato a lo largo de este 2026. Y te prometo que sigue siendo mi intención. Lo será en cuanto pueda hacerle un último repaso… un repaso para el que, sencillamente, no he tenido tiempo en estos primeros cuarenta días del año.
Pero ¿qué ha pasado?
Si eres lector habitual de Bullpen, ya lo sospecharás: el tema de la IA me tiene absolutamente fascinado. Se juntan dos cosas muy peligrosas: que me encanta probar cosas nuevas y que esta nueva herramienta abre posibilidades que, hasta hace nada, eran impensables.
Durante toda mi vida he ido apuntando ideas que me habría encantado desarrollar, pero que por pura incapacidad técnica nunca pude llevar a cabo. Siempre necesitaba a algún desarrollador que las hiciera realidad. Hasta ahora. Hasta 2026. Y no sabes la rabia que daba cuando se me ocurría algo y, meses o incluso años después, veía exactamente ese mismo servicio ya lanzado: creado por otra persona que, además, se hacía millonaria en el camino. No era envidia —al menos no de la mala—, sino esa sensación tan frustrante de haber llegado antes… y no haber podido hacerlo.
El salto ha sido tan grande que hoy prácticamente cualquiera puede crear una web, un pequeño ERP o lo que se le ocurra. Así que saqué mi vieja lista de ideas y me puse a probar: modelos predictivos, conceptos de producto, incluso alguna red social. Iba tachando cosas, experimentando… hasta que una de esas ideas me devolvió de golpe a algo que había vivido años atrás.
Corría el año 2013 (o quizá 2015) y yo trabajaba en un equipo dedicado al desarrollo de ideas de innovación dentro de una gran empresa de telecomunicaciones. Era un trabajo muy especial: si se te ocurría algo mínimamente lógico y más o menos dentro del scope de la compañía, se podía intentar llevar a cabo.
Presenté muchas ideas. Algunas salieron adelante (una incluso tuvo bastante éxito). Otras quedaron por el camino.
De todas las descartadas, hubo una que siempre me pareció maravillosa. Es cierto que económicamente no era muy viable —al menos en aquella época—, pero me parecía relativamente sencilla y, sobre todo, muy, muy necesaria. Por si acaso.
¿De qué iba?
Muy simple: crear un sistema de comunicación entre dispositivos para cuando no hubiera red. Cuando la red se satura, hay un apagón (ejem) o alguien decide cortar las comunicaciones.
Entonces… ¿cómo hablas con tu familia? ¿Cómo sabes que están bien?
La idea era un sistema basado en Bluetooth, donde los mensajes pudieran ir “saltando” de móvil en móvil hasta llegar a su destino. Puedes decirme que no es muy innovador, que incluso ya existe, o directamente que es imposible (¿cuánta gente haría falta, a diez metros de distancia, para unir Madrid con Cádiz?).
Pero ahí está la clave: si el mensaje no caduca, si no hay prisa, si cualquier noticia —aunque llegue a velocidad de carta— es valiosa; si no hay un punto central de control, ni censura… entonces puede ser algo muy útil.
Durante todo el mes de enero estuve haciendo pruebas. Pidiendo móviles prestados. Construyendo una pequeña red mesh en casa. Pensando cómo optimizar la batería. Ajustando mil detalles.
Hasta que, a principios de esta semana, desde un Motorola (llamado Paco) se envió un mensaje a un Samsung (llamado María) que estaba a unos 100 metros.
El mensaje no llegó.
Pero al rato pasó por allí un Xiaomi (llamado Luis), que recogió el mensaje —encriptado, sin poder leerlo— y que, casualmente, cuando volvió a cruzarse con María, se lo entregó.
¡Tachán!.
Todo empezó a encajar.
¿Y ahora qué?
Ahora queda convertirlo en una app “de verdad” y probar si, en lugares donde la red cae, puede ser útil para personas que necesitan comunicarse. Incluso he creado la opción de formar grupos (por ejemplo, “Familia”) donde cada miembro puede indicar que está bien.
No está nada mal para un mes de enero.
Por cierto, si te interesa el tema, si conoces a una ONG que puede estar interesada o se te ocurre alguna mejora, no dudes en escribirme en los comentarios y lo comentamos. Y si quieres seguir los avances, puedes pasarte por la web de Relay para ver cómo evoluciona el proyecto.
Pero… ¿y el relato?
Te prometo que en 2026 sale. Y entero.
Lo que pasa es que ahora mismo hay cierta red social que me tiene completamente loco.
Pero saldrá, ¿acaso no he cumplido alguna vez?
Y espero que sigas ahí para leerlo.
Cuídate.



